El pasado 20 de noviembre, la capital michoacana vivió una jornada histórica donde el espíritu revolucionario cobró vida en las calles del centro histórico. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla encabezó el tradicional desfile cívico-deportivo que conmemoró 115 años del movimiento que transformó a México, demostrando que la unidad y la celebración cívica siguen siendo pilares fundamentales de la identidad nacional.
Más de 2,500 participantes desfilaron por las calles de Morelia
Con una participación de 2 mil 580 personas organizadas en 28 contingentes, el evento transcurrió sin incidentes a lo largo de la avenida Madero, la tradicional vía que año tras año se convierte en escenario de esta conmemoración. El recorrido, que abarcó 2.6 kilómetros desde el Jardín de Villalongín hasta el Monumento a Lázaro Cárdenas, se extendió por poco más de una hora, permitiendo que miles de moreliano disfrutaran del espectáculo cívico-deportivo.
La diversidad de participantes reflejó el carácter inclusivo del evento: estudiantes de educación media superior y superior marcharon junto a trabajadores estatales y municipales, integrantes de asociaciones deportivas, militares y elementos de la Guardia Nacional. Las descubiertas de motociclistas de la Policía Morelia y de la Comisión Estatal de Cultura Física y Deporte (Cecufid) abrieron el camino, estableciendo el tono solemne y festivo que caracterizó toda la jornada.
El deporte como herramienta de desarrollo social
Desde el balcón de Palacio de Gobierno, Ramírez Bedolla observó atentamente cada contingente, subrayando un mensaje que trasciende lo meramente conmemorativo. El mandatario destacó que cada paso, formación y esfuerzo mostrados en las calles no solo honran el legado revolucionario, sino que también demuestran cómo el deporte funciona como una herramienta fundamental para impulsar el desarrollo integral de las y los jóvenes michoacanos.
Esta perspectiva conecta directamente con los valores que la Revolución Mexicana perseguía: justicia social, equidad y oportunidades para todos. En ese sentido, el desfile se convirtió en más que una simple conmemoración histórica; fue una manifestación viva de cómo las instituciones públicas pueden canalizar la energía colectiva hacia propósitos constructivos.
















