Carlos Torres Piña recorrió más de cien municipios en las ocho regiones de Michoacán, incluyendo Tlazazalca, Huiramba, Angamacutiro, Churintzio y Panindícuaro —localidades pequeñas que normalmente quedan fuera del radar electoral.
Su ruta no se limitó a sumar puntos geográficos: sostuvo encuentros con pueblos originarios, productores, mujeres, jóvenes, trabajadores, transportistas, artesanos y colectivos LGBTTTIQ+. En cada lugar adaptó la conversación a su realidad específica: la problemática lacustre de Pátzcuaro, la artesanía de Capula, la identidad maderera y guitarrera de Paracho, las formas propias de organización comunitaria y las demandas de municipios pequeños.
Este recorrido territorial —con costo logístico evidente— refleja una lógica de gobierno, no solo de campaña: gobernar Michoacán implica tomar decisiones también para lugares que rara vez aparecen en encuestas o en la agenda mediática.
