Carlos Torres Piña regresó a las comunidades originarias para escuchar sus avances y nuevas demandas tras la implementación del presupuesto directo. Durante años, muchas comunidades dependían de que el ayuntamiento quisiera atenderlas, gestionando, insistiendo y esperando, con suerte, una obra al año. Hoy, con recursos directos, algunas hacen cinco, seis o siete obras, decidiendo ellas mismas qué necesitan primero y cómo hacerlo.
Torres Piña explica que, cuando el recurso llega directamente a la comunidad, rinde más porque reaparece la faena: la gente participa, aporta trabajo, cuida la obra y hace comunidad. No es solo administrar presupuesto; es hacer política pública de otra manera.
En su regreso, encontró reconocimiento por los avances, pero también demandas concretas: mayor coordinación de autogobiernos con autoridades estatales y federales en seguridad —respetando sus formas de organización—, y acceso real a salud: médicos, medicamentos, atención cercana y servicios adaptados a sus regiones.
Su cercanía no es solo presencia: es conocer cómo funcionan las comunidades, haber acompañado sus procesos y regresar para escuchar qué sigue. La lección clave: cuando se confía en la comunidad, el recurso alcanza más, la gente participa más y el gobierno funciona mejor.
