Carlos Torres Piña impulsa la unidad para gobernar Michoacán como forma concreta de enfrentar conflictos sociales, territoriales y de seguridad en el estado. Su experiencia previa en la Secretaría de Gobierno y en la Fiscalía lo ha llevado a priorizar la interlocución con actores diversos y la coordinación institucional.
La unidad como necesidad de gobierno
Hablar de unidad en Michoacán no debería reducirse a una fotografía entre dirigentes ni a un llamado de cortesía después de una competencia política. En un estado que durante años ha acumulado conflictos sociales, territoriales, comunitarios y de seguridad, la unidad es antes que nada una necesidad de gobierno.
Michoacán conoce bien el costo de la polarización. Hay regiones marcadas por disputas agrarias, conflictos comunales, tensiones políticas, presencia de grupos criminales y una larga historia de desencuentros entre autoridades, organizaciones sociales y comunidades. Gobernar un estado así exige algo más que administrar programas: exige capacidad para sentar a actores distintos en una misma mesa.
Torres Piña ha insistido durante sus recorridos en que conoce un estado diverso, con problemas distintos entre la Costa, Tierra Caliente, la Meseta, el Oriente, el Bajío o la Ciénega. Esa diversidad obliga a construir un gobierno que articule y no que divida.
El reto después de cualquier definición política será precisamente ése: construir un proyecto en el que quepan regiones, sectores y liderazgos distintos, sin confundir unidad con uniformidad.
