Cocineras tradicionales toman Plaza Magna para el Jalo Futbolero en el Festival Michoacán de Origen
Morelia, Michoacán — Desde el próximo 11 de junio, la Plaza Magna del Centro de Convenciones y Exposiciones de Morelia (Ceconexpo) se transforma en un escenario vivo de sabores, ritmos y memoria culinaria. 36 equipos gastronómicos liderados por cocineras y cocineros tradicionales ocupan el corazón del Festival Michoacán de Origen (FMO), integrando con fuerza el Jalo Futbolero a una experiencia que celebra lo más auténtico del estado.
Una cocina que juega, cocina y gana
No es solo un festival: es una respuesta colectiva al Mundial 2026. Mientras el mundo mira los estadios, Michoacán abre sus fogones. En la Plaza Magna, las manos que han mantenido vivas recetas desde generaciones atrás ahora preparan churipo humeante, bolas de Pedernales doradas al fuego lento, corundas envueltas en hoja de maíz, pescado a la talla con aroma a carbón y mar, tortas de tostada crujientes con guisos de barrio, carnitas que deshacen en la boca y la atápakua, ese dulce ancestral de puré de plátano y canela que cierra cada jornada con sabor a raíz.
Cada puesto representa una de las siete regiones turísticas del estado: Tierra Caliente, Purépecha, Lago de Pátzcuaro, Costa, Bajío, Sierra y Zona de los Llanos. No hay menús impresos ni etiquetas turísticas: aquí se explica el origen del mole con la voz de quien lo maja desde niña, se enseña cómo se forma la masa de la corunda sin que se rompa, y se comparte el secreto del caldo de churipo mientras suena el tambor de una banda comunitaria.
Horarios que invitan a quedarse
La Plaza Magna abre sus puertas de lunes a viernes de 13:00 a 20:00 horas, y los fines de semana amplía su espacio: sábados y domingos de 11:00 a 20:00 horas. No es un evento efímero: se extiende hasta el 19 de julio, dando tiempo para descubrir, volver, probar otra vez y llevarse una historia en cada bocado.
Este es el Michoacán que no necesita traducción: donde la cocina no es espectáculo, sino acto de resistencia, identidad y hospitalidad. Donde el Jalo Futbolero no compite con la tradición, sino que la abraza, la eleva y la pone en juego — como debe ser. El FMO no espera visitantes: los convoca, los alimenta y los lleva a casa con el sabor de lo verdadero.










