Carlos Torres Piña recorrió Michoacán: visitó Pátzcuaro y la región lacustre, Capula, regiones agrícolas, Jiquilpan, Sahuayo, Morelia y municipios pequeños. En cada lugar sostuvo encuentros distintos: con comunidades originarias sobre autonomía y presupuesto directo; con artesanas y artesanos sobre comercialización y valor de la pieza; con productores sobre precio, agua, intermediarios y transformación local; con más de mil jóvenes sobre empleo, vivienda, educación y proyectos de vida en Michoacán; con colectivos LGBTTTIQ+ en Morelia sobre salud, identidad, discriminación y desigualdad territorial; y con mujeres sobre autonomía económica, violencias y participación pública.
No impuso un discurso único: escuchó a transportistas, productoras, personas mayores y autoridades comunales como interlocutores válidos y previamente reconocidos. Esa práctica —no escenográfica, sino basada en relaciones previas— explica por qué el 69 por ciento reconoce su conocimiento de Michoacán: no como memorización de 113 municipios, sino como capacidad de cambiar la pregunta según el territorio y el interlocutor.
Conocer Michoacán es construir política desde la escucha
Detrás de los encuentros hay comunidades, jóvenes, mujeres, trabajadores, artesanos, personas mayores y colectivos que hablan por sí mismos. Ese territorio, no las encuestas, revela de qué está hecho el respaldo a Carlos Torres Piña.










