Carlos Torres Piña reestructuró la Fiscalía General del Estado de Michoacán entre julio de 2025 y mayo de 2026. En ese periodo, creó cinco vicefiscalías, nuevas áreas especializadas y realizó más de 400 movimientos de personal en Uruapan y Zamora; incorporó 25 peritos y 43 agentes de investigación para fortalecer capacidades regionales.
Coordinación y resultados medibles
Bajo su gestión, la Fiscalía profundizó la coordinación con el Gabinete de Seguridad federal, Sedena, Marina y Guardia Nacional. Entre julio de 2025 y mayo de 2026, las órdenes de aprehensión cumplimentadas sin detención en flagrancia aumentaron de 212 a 477 —crecimiento superior al 100%. Se integraron decenas de investigaciones en delitos de alto impacto, lo que derivó en más de 150 personas detenidas, cientos de capturas en flagrancia y 85 detenidos por extorsión, incluidos seis líderes y la desarticulación de células.
Se detuvo a personajes como Ramón Ángel “N” (“El R1”), César Alejandro “N” (“El Botox”) y Alfonso “N” (“Poncho” o “La Quiringua”), fruto de investigaciones interinstitucionales. En el mismo lapso, los homicidios dolosos mensuales en Michoacán descendieron de 259 (octubre de 2021) a 60 (marzo de 2026).
Torres Piña impulsó también una renovación generacional: se anunciaron cerca de 300 nuevas plazas y se fortalecieron perfiles técnicos y de investigación. Asumió la Fiscalía en un momento de alto desgaste político, priorizando el orden interno, la credibilidad institucional y la acción coordinada sobre discursos o gestos simbólicos.










